martes, 19 de febrero de 2013

Don (de) Volver


Ahora no hay nada que nos salve,
ni siquiera este par de manos que nos alimentan en la boca,
como incapaces que somos.
Ahora te vienes a dar cuenta de mis debilidades,
ahora te enteras que no era tan mala,
como contaba en mis poemas.
Que el sexo que exponía de la boca para afuera,
sólo era el amor que sangraba
de tus ojos, hacia adentro.
Ahora ya no quedan rincones por bautizar,
ni caricias por despedir,
sólo humo y algunas palabras
que el policía que acechaba fuera del banco
nos quitó por cansancio.
Ya no te hagas ilusiones con eso de cambiar el mundo,
de contar la historia de dos personas
un colchón sin funda
y el amor,
porque ya ves,
no funciona.
Y lastima
(mucho)
Ahora es una palabra de esas que te gustan tanto,
como tulipán
extremidad
y las moras.
Ahora estoy tan cansada que no puedo discutir,
que no quiero escucharte repetir el discurso una vez más.
En tu habitación escuché el sonido
de algo así como un avión,
estrellándose contra otro.
Aunque creo que éramos nosotros,
jugando
a cambiarnos la vida,
pisándonos los pies en cualquier calle que se pareciera
a un adentro donde volver,
y dormir.
Ahora ya no hay pactos que cumplir,
se nos acabó el tiempo de prueba,
y adivina qué?
Ninguna línea de ésta historia,
fue real.
Sólo quería decirte,
que yo también a veces pienso
que fuimos fantásticos y eternos.
Sólo quería decirte,
que aun ahora,
después de tanto grito agudo
todavía,
a veces,
lo pienso.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Fiesta en el baldío.

escoltados llegamos todos
mirando de reojo la puerta de entrada
exagerando la mueca de diversión y tristeza

sobre la barra la niñavieja que no supera la bulimia
y se encierra en un baño a empolvarse los huesos
pero que se ve preciosa en un vestido verde
lleno de bilis y lamentos

rodeada de fans la mujerimaginaria
que anuncia el verano en el cielo
con sus shorts de jeans
y sus piernas doradas
lustradas babeadas eternas
baila incestuosa con todos sus hijos idiotas

contra la pared descansa el fotógrafo
que llora de amor
y tiene sexo con cualquier nenita que prometa
no preguntar

suenan los tambores y todas nos ponemos
bien putas
putas santas
porque nos encanta que se nos vean las rodillas
y los lunares
primitivas
volátiles

“esta pendeja se hace la poeta” dice la más bonita de la fiesta
y le da una patada a la puerta del baño
se revuelca en arenas movedizas
y sale con furia
agarra a cualquiera de la cintura y lo aprieta
contra su cuerpo esquelético

afuera vomita la rapera que no aguanto tanta llamarada
y se limpia las zapatillas con entradas del América
mientras balbucea que su sueño era
ser porrista

“no se da cuenta que tiene 30 años? es una pelotuda”
ya no creo en eso
al final
todas vinimos a lo mismo
a ver sus asquerosas rastas rubias
y su inmunda novia besando sobre nuestros besos
sucio y hermoso
y nosotras del otro lado del espectáculo
como víboras alzadas
diciéndole estupideces en el oído para que se caliente
y a las 9 te llegue un mensaje
“vení a casa, ya se fue”

absurdamente todos anclados en esta fiesta!

la pobrecita del flequillo perverso
llora desconsolada por un malabarista
que sigue corriendo atrás de la escultora
y yo la miro con amor
y le sonrío
y se levanta
y nos vamos

cieguitos daltónicos inconscientes
en la gran fiesta de las miserias
de los dolores trenzados con drogas y mala música

todos esos tatuajes cobrando vida
cobrando entradas
eyaculan después de las 6

con los iris borroneados
y esqueletos en los parpados
amordazados en la gran fiesta
lamiendo nombres
hasta hacerla acabar

domingo, 18 de noviembre de 2012

eco/grafía



es en el vientre donde las cosas suceden
salen luces blancas
manos moradas
sangre ciruela doliente
palabras enredadas en tejidos viscosos y débiles

antologías en la piel interior
es de ése lado del vientre
donde las cosas suceden

donde los lunares son estrellas
y el sol congela / eriza

desde el cuello infinito
a los pies del pubis blanco
blanco
blanco
dolor

desde la conexión enferma
oscura y cancerígena de mi nuca
hasta el planeta color cereza
de tu hombro

es ahí donde las cosas suceden

en el cuarto menguante pintado de rosa nostálgico
el eco de tus verbos retumba
y rompe las ventanas
/esas que nunca pude atravesar/

te estremece sentirme fría
sentirme     sentirme     sentirme
la mueca de mi boca redondanaranja
vestida de rojo
repite en el espejo
“es en su vientre donde las cosas suceden”

lunes, 24 de septiembre de 2012

El verbo: Sangrar.


Maquillar el papel.
Leerte la piel.
Susurrar la palabra principio.
Aprender el olor de partir.
Amanecer con una sudestada de confusiones.
Maquillarme la piel.
Leer el papel.
Gritar la palabra final.
Aprender el sabor de latir.
Amanecer saqueados de ilusiones. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

to mar se las manos


mi cerebro con su cerebro
juegan a las escondidas entre las sábanas




hablar de él es música
es mi música 
violada por su música

jueves, 6 de septiembre de 2012

Cortar por lo enfermo.


Mentir.
Mentir por tu mundo y el mío que se destrozan si saben la verdad.
Mentir por las noches y por todos los heridos que dejamos atrás.
Mentir porque hace falta coraje para saltar, valiente.
Mentir sólo por hoy, sólo por ayer, sólo para siempre.
Mentir y decir un nombre, y decir un miedo, y decidir volar.
Mentir y ser nosotros los que esta vez se estrellan con los edificios.
Los que por esta vez, vamos a esconder las cicatrices, y a recordar que esa noche de tantísimo frío,
hicimos algo estúpido, pero memorable, con la persona que solíamos amar.
Mentirte, hasta que llorando te confiese, que ya no puedo hacerlo más.
Mentirte, 
hasta que un día entre el humo 
y un beso, 
se me escape la verdad.

martes, 4 de septiembre de 2012

Borramores.


Yo escribo y me pierdo.
Él lee y me encuentra.
Le digo:
Te amo hasta la luna llena.
Hasta que el tren nos lleve al mar. 

Bor de a dos.


Mira mi amor,
que bella boda.
Animales dementes se esconden
tras los arboles y prueban que bien le sientan
las drogas al amanecer.

Sientes esa sensación de placer?
No.
Son la hormigas que trepan por tus piernas.

Que bella boda.
Mujeres con las muñecas sangrando se asoman
a devorar el ramo de la novia.
Brindemos por la infelicidad eterna
por la preciosa muerte que nos separa.
El alcohol le humedece los labios,
le agrieta los ojos.

Quieres casarte conmigo?
Mira que bella boda.
Salgamos de los arboles,
ya están latiendo
demasiado fuerte.

Te amo.

Fuma un poco más de esto,
que quiero que te cases conmigo.
Salgamos del baño,
demasiado sexo para una sola fiesta.
Mira mi amor,
que bella boda. 

domingo, 2 de septiembre de 2012

Uno, dos, (fin)


Un cuaderno apurado que me lee en voz baja mi último relato de mujeres.
Un café diabético, que echa humo por las orejas, apuñalado por la cuchara.
Un teléfono en silencio, calculando los minutos que faltan, para que salga el sol.
Una camisa a cuadros que el pasado se olvidó sobre mi cama.
Una canción que tararea tu nombre y me asesina.
 /suele ser duro aprender/.
Un sobre de papel madera.
Una foto impresa de mis pies en toda tu eternidad.
Un pañuelo color atrasado que compre por veinte pesos para esconderme.
Un libro de Borges que robé de la biblioteca para llenarte los pulmones.
Un cigarrillo fumado a medias (con nadie) a punto de morir enemistado con el cenicero.
/Donde estemos juntos será nuestro hogar/
Una imagen en la retina. El recuerdo, del recuerdo, del recuerdo de tú comida en lata,
de una cebolla mal cortada, a punto de llorar.
Un vaso roto y astillado en las palmas de mis manos. (Sangran y duelen amor, sangran y mueren)
Dos pasajes de ida en la boletería 29, a las nueve de la mañana.
Un cuaderno rojosangre que se exilió de mi cuarto, y se mudó al barrio donde nos gusta sentarnos a fumar.
Una cerveza helada que vomita restos de piel humana. Que nos lame las lenguas.
Una gata en el bar que nos invita a dormir con una de sus mozas.
Un insomnio imposible relleno de los medicamentos que receta la conciencia, de pastillas rosa-chicle que se nos caen de la boca.
Un pacto sellado a la orilla de un puente-testigo.
Un viaje a Madrid en la cuenta de sueños por romper.
Un beso silencioso de último momento, atropellado por un colectivo de eterna distancia.
Una luna que se estira como gata.
Una siesta abrazado a mis piernas (y las cicatrices que siguieron).
Una grulla de papel que cazaste con tus dedos llenos de pólvora.
Una palabra. Quiebre.
/Descubrimos como eran las cosas/
Un amor de verano improbable.
Un invierno helado/infinito/precioso en las venas.
Una serpiente color roja, de ojos verdes y veneno impronunciable.
Una terminal que llora lagrimas de leche tibia y miel.
Un colchón desnudo, repleto de almas.
Una colección de caricias encerradas entre las calles y la luz, siempre encendida.
Un cuerpo reducido.
Una existencia incompleta.
Un amor siempre tarde.
Una mujer a medias.
Un poema infinito.
Un inventario.
/mi parte insegura/

Identidad (com)partida.


Llegué al mundo con la obligación de ser la mitad de otra persona.
Una mujer a medias. Una mujer múltiplo.
Llegue al mundo con la idea de ser parte de él.
A la larga preferí hacerme parte solo de un cuerpo.
Niña A. Niña B.
No sé cuál de estos nombres me correspondía.
A o B. Sabrina o Luna. Úrsula o Piedad.
Llegué al mundo escuchando el llanto de mis mitades.
Leyendo las letras indescifrables de un analfabeto imposible.
De todas mis lenguas muertas.
Permanecí inmóvil en el mundo, pensando que no era parte de los humanos estándar.
Me quede muy quieta en el inmenso mundo,
como la estatua del príncipe feliz,
del libro de cuentos enorme y azul que leía cuando todavía no sabía
como atarme los cordones ni como encender un fósforo.
Y como la estatua me llené de basura de pájaros,
de arena en el viento,
de agujas clavadas en mi piel y en los relojes.
Estar quieto entumece los huesos,
las venas,
los sesos,
y todas esas cosas inútiles.
Permanezco en el mundo, pero ahora sueño.
Y adentro de esos sueños veo camas,
en las que me acuesto y sueño otros sueños,
que me arrastran cada vez más lejos del mundo,
que me dibujan lunares nuevos,
con formas graciosas que me recuerdan los lugares que (re)conocí.
Llegué al mundo con la muerte escrita en el cuerpo,
con el destino de encontrar unos ojos café tan profundo para poder caerme en ellos.
Llegué al mundo con la conciencia compartida.
Lo primero que vi dentro del útero tan personal
y vacío,
fue mi otra mitad.
Dos corazones latiendo en espejo.
Dos razones relatan un cuento diferente.
Miro al mundo, donde hace un tiempo llegué con el peso de un cachorro,
y sigo siendo simplemente,
la mitad de un alma.
Ahora hay movimiento y paz.
Y una hermosa esquizofrenia
me corre por todo el cuerpo. 

viernes, 31 de agosto de 2012

Caminar la noche.


Una invitación (la casualidad que estábamos esperando)
Sin excusas, sin culpas, nos hicimos dos.
Y una noche de primavera, de esas alérgicas,
Empezamos a caminar.
Sin rumbo, sin mapas, sin pies.
Un cine, dos butacas, una cerveza, toda la ciudad.
Empezábamos a descubrir, que estábamos hechos en espejo.
El espejo llevaba escrito con mi lápiz de labios;
“niño mío, estamos solos en el mundo”.
Y era verdad, era lo único cierto entre nosotros.
Estábamos juntos, y solos.
En una ciudad que nos pedía a gritos que la camináramos.
Que nos riéramos de sus estúpidos carteles.
Que bautizáramos construcciones.
Que abriéramos la boca como tontos para mirar un edificio.
Que hiciéramos equilibrio en los cordones de las veredas (y entre nosotros).
Trazamos una ruta de pasos interminables,
De paisajes vacios de gente y llenos de él.
Un camino de preguntas sin respuestas y de respuestas imposibles.
Todavía lo tengo en mi retina, parado en el medio de la calle,
Hablando de una mujer desnuda en una publicidad de lencería.
Con las manos en los bolsillos del pantalón,
Niño por dentro, gato por fuera.
Todavía me enloquece verlo esperar un colectivo que nunca toma,
Hablándome de películas y suicidios,
Mientras yo lo escucho pensando en la forma más rápida de robarle el alma.
Le mostré mis pies desnudos,
Me mostró su debilidad por los pies.
Todavía le debo una esquina y una respuesta.
Poema perdido, niño mío.
¿Será la noche la que nos camina a nosotros?

miércoles, 29 de agosto de 2012

Alicia en-el-país-de-las-pastillas.


Se rebalsa mi taza de té,
por mirar en la televisión a una mujer suicidándose.
Toma cientos de pastillas con un trago de dolor.
Se llamaba Alicia,
se quiere matar por amor, 
pero creo que eso a nadie le importa.
El camino se hace largo y agotador,
para ella y para mí.
Para las dos.

jueves, 23 de agosto de 2012

Poeta Analfabeta.


Es la primera vez que después de tantas letras que asesinaron mis dedos,
me pregunto por qué escribo.
Me paro frente al espejo, para jugar a reconocerme.
Y entonces me doy cuenta.
No soy yo.
La chica que me mira del otro lado tiene los ojos verdes,
las pestañas decepcionadas,
la mirada más triste que vi en mi vida.
Miro fijamente adentro de sus pupilas  y me asusta no verme ahí,
entonces me fijo en su boca.
Una galaxia completamente vacía de besos reales,
me llama la atención su forma de volcán (uno de color amor) a punto de hacer erupción.
Empieza a temblar todo el reflejo, y a la cuenta de tres,
explota.
Me salpica de palabras contenidas (pobrecita, eran tantas).
Las había de todos los colores.
Palabras rojas, palabras secas, palabras invisibles,
que inundaron todo (incluso los días y los colchones mi amor).
Cuantos murmullos tiene el color amor?
El resultado de multiplicar seis veces la belleza de tu espalda,
 por los diez dedos que ahora besan el olvido,
y sumarle el porcentaje de versos que dibuje después de verte dormir todas-esas-largas-horas,
es igual a estoy enamorada.
Humillada. Retrasada. Gastada. Adicta. Enferma.
Es igual al deseo de arrancarte las páginas.
Escribo porque necesito hablar.
Escribo porque necesito que escuches a las palabras darte mis declaraciones de amor.
Soy demasiado humana, por eso escribo.
Escribo para no tener que dejarte,
decepciones con la voz.

miércoles, 22 de agosto de 2012

El cuerpo se reparte en sobres de papel.


Salí expulsada por la puerta. Con un beso (para nadie). Todavía olían a niño mis manos. Encendí el cigarrillo antes de despedirlo, para dejarle un pequeño regalo de tabaco. El frío me golpeó en la cara y aspiré el humo con más fuerza. Metí mi mano despacio en la cartera para buscar un consuelo. Me besó un sobre de papel madera. Dejé de caminar. Lo abrí, con miedo y placer de saber que era para mí. Y ahí estaban, mis pies para siempre quietos en una piedra, a 500km de realidad, a veinte pasos de una puerta. A cinco milésimas de un grito que se calló todalavida. Un papel metálico que arranque de mi atado de cigarrillos, donde escribí con furia (y para siempre) una frase tuya; “El hombre nada. La mujer.” Por último una envoltura de té (quizás el que más disfruté en mi vida) como certificado de completa tortura emocional. Me quedé con tres papeles en la mano y una confusión de inyecciones y vino caliente. En un segundo me acordé, que se había quedado dormido, la mañana anterior, enredado en mis piernas y casi se muere en el atraganto de intentos. Entonces lo entendí. Miré para arriba, me mordí el labio inferior y me reí a carcajadas. Sola en la calle. Conté los pasos que tardaría en volver. Eran 23. Abrí los brazos pidiéndole a la luna una explicación, pero el colectivo pasó a tiempo.
“Necesito amputarme un hombre”.
Ahora descubro que un niñogato me amputó, y regala mis extremidades en sobres de papel madera.
(por suerte el colectivo pasó a tiempo)

El hombre de las cavernas me escribió un poema.


Siempre se muerde las uñas (mal) y se friega los ojos sin miedo a que se le corra el maquillaje. (No usa).
Se envuelve en ropa rara. Pocas veces alegre. Sus sentimientos más puros, nunca caminan con nadie. No se viste elegante. Usa zapatillas 36.
Tienen un piercing en la lengua que muerde cada tanto para que no se le escapen las palabras. Porque a veces tropieza con el pasado, pero siempre logra cruzar la calle a tiempo.
No cuenta (casi) nada. Emite y recibe sus propios mensajes. Pocos admiran (realmente) sus palabras. Mira con los ojos perdidos en la pantalla de un teléfono (se estará escribiendo a ella misma?)
No escucha historias infantiles que no sean contadas por niños. (“Siempre preferí a los niños” me confesó sin pudor).
Cuando se levanta no habla. Solo se cubre los ojos de los primeros puñales del sol.
Se estira como gata.
Antes de acostarse le cuesta parar. Y escribe todo lo que está a su alcance. Con o sin lápices.
Segundo día en mi cama.
Y en el cuadro que dice “CAFEÍNA” justo atrás de la puerta, ella dibujo un corazón.

Volví a soñar con ballenas.


Me habló de amor y le creí.
Es que me lo dijo un jueves,
y era septiembre,
y el balcón estaba mojado
y desnudo,
porque los balcones
en septiembre siempre están
mojados y desnudos.
Es que era jueves
y septiembre
y estábamos locos
y solos
y no nos animábamos
a asomarnos a ver el mundo.
Porque abajo de los balcones hay guerras
y garras,
hay gente que se come a otra gente,
abajo hay hermafroditas
que usan pelucas extrañas,
y muerden a sus hijos muertos,
abajo hay ballenas incendiadas,
nefastas
y crueles
que se estrellan con los edificios
en el sangriento acto
de amanecer vivo en la ciudad.
Abajo
vértigo significa
caerse de la cama.
Porque somos historia,  poema
una foto en una poema que está dentro de un libro,
un conjunto de palabras estériles
que no viven nunca,
una paleta de colores destruida por exceso de luz,
somos la morgue donde los amigos que se fueron más allá del cosmos,
se fuman las estrellas,
y lamen las nubes como caramelos sabor angustia.
Pero también somos la ausencia del color,
la enfermedad, la locura
somos caníbales
y sinónimo de morbo,
amenazamos a la raza entera,
y violamos las leyes del rey
mientras lloramos lágrimas de semen.
Somos nuestra peor pesadilla,
nuestro espejo maligno.
Somos reflejo
y somos Narciso.
Una página en blanco,
un dedo que sangra,
una lengua que lame.
Somos un sueño
dentro
de
otro
sueño.

Úrsula quiere ser madre.


Ahora se encuentra de nuevo en el mismo punto.
Intentando (re)mediar con palabras lo que le cuesta creer,
abrazando el dolor de otras mujeres que lloran sangre y vida,
que son su sangre y su vida.
El metal entra con bestialidad natural,
rompe su útero,
rompe sus alas,
y le arranca la muerte que anidó estos eternos nueve meses.
Una muerte que se vistió de pájaro y de amapola,
que huele a niño vacío
que colorea moradas sus pequeñas manitos.
Llora su niño enfermo y lloro yo.
Ríe despiadada la muerte
con los ojos llenos de gloria.
Como se supone que ella entienda el mundo?
Pequeña y ultrajada.
Una niña vieja, con la piel avellanada
y la voz helada por el frío y las pastillas.
Ya decidieron torcer su destino,
golpear su cuerpo frágil, hermoso y tan blanco que duele.
Todas las noches recuerda el hielo de ese metal asesino,
las manos bruscas de un médico/verdugo,
y la música que imaginaba para no pensar en la palabra infierno.
Ahora sus palabras duermen en un diario que encontré entre mis zapatos.
Sueña con tener los ojos nuevos, abiertos, de otro color.
Quiere tener un cuerpo fuerte, grande, capaz de soportar nuevos golpes,
nuevas muertes.
Y le pide perdón.
Nena o varón.
Perdón niño mío.
Perdón.

viernes, 17 de agosto de 2012

Trastorno de personalidad múltiple.


A mi otra yo le gustan las ciudades desconocidas.
Le gusta caminar de la mano y hacer equilibrio
en los cordones de las veredas.
A tu otro tú, le gusta decirme
“esos ojitos, hermosos”
y acompañarme hasta el principio de la terminal.
A ellos dos les gusta seducir a los gatos
con un silbido quebrado,
(les encanta la palabra quiebre)
Ellos son novios de una noche,
más por las comodidades,
que por los encantos.
(Pero eso es algo que tu propio tú ya sabe)
Y entre los cuatro vamos por ahí,
diseñando situaciones,
jugando a ser arquitectos
de nuestros peores errores.
[Ahora freno la poesía y voy a llamarte]
Ni vos, ni tu otro tú,
son capaces de decirme nada,
cuando ando perdida en la ciudad conocida,
y me caigo,
y me parto las costillas intentando descifrarte.
Y se me caen las lágrimas, por estúpida.
Y me sangra la piel, por enamorada.
Y te perdí otra noche más, por ilusa.
Como despertarme odiando, si el cuerpo
que duerme junto al mío es el tuyo?
Si me preparas un té, mitad azúcar, mitad amor.
No voy a volver a pisar ciudades ajenas.
No voy a volver a pisar, tú cama, que fue siempre nuestra.
(no vas a olvidar)
Mi cama, que fue siempre mía.
Que está
siempre
muerta.

Golpes de (in)conciencia


A veces (y sólo a veces) me vuelvo tan pequeña
que ni siquiera mis lágrimas son capaces de encontrarme.
A veces (y sólo siempre) me vuelvo tan suya
que ni siquiera un poco de verdad
es capaz de salir de mi boca.
(Perdón) Si es que en realidad
soy capaz de entender
lo que esa palabra significa.

Despertarse enferma.


Dicen que después de la tormenta, se sucede la calma. Pero yo sólo veo histeria y llanto incontenible. Hoy solo encuentro un cuarto vacío y húmedo.
Ya no tengo los pies tan fríos ni las ganas tan verdaderas.
Fumar dos cigarrillos seguidos y quererte solo para mí, son cosas que te enseñé, pero nunca aprendí. (Y hacen mal, muy mal)
Sentado en la estación con tus aguas cítricas (que nunca me gustaron) me sacas una foto junto a un edificio tan de mentira como nosotros, y me repetís “es algo con lo que tenemos que aprender a convivir”.
Resulta que estoy cansada de aprenderte, de escribirte en poemas que nunca lees, de llenarte la piel de dedos y esperar los besos que suelen llegarnos tarde.
Siempre te mentí (y esto es una confesión) porque quería creer ese cuento que escribimos donde no nos enamorábamos nunca. Y ahora empiezo a debatirme entre relato y poesía.
Ya no entiendo lo que digo, pero aún así, sigo planeando nuestro aterrizaje en esa ciudad que te conté, me encantaría vivir.
Es probable que nunca pierda la costumbre de temblar si te abrazo y de enojarme si una cerveza no es la mejor opción. También es probable que nunca vuelvas a creerme una sola palabra, y no te culpo, hace mucho tiempo dejamos de hacerlo. Lo único que creemos es lo que hacemos sin hablar, o escribir, o pensar.
Ya nos regalamos demasiadas horas, ya lamimos demasiadas veces nuestras miserias (y son tantas), nos convertimos en socios de todas estas pantallas.
Se terminaron los amores, el tiempo, las drogas y las palabras.
Basta de hoteles baratos, de sabor a tabaco, de semen urgente, de calles golpeadas, basta de enredar las piernas y confundirnos los jueves a la madrugada.
Insight es la palabra técnica.
Un jueves para darnos cuenta que existíamos.
Un jueves para darnos cuenta que éramos un poema infinito.
No me vuelvas a hablar de amor.
El amor es para la gente real.
Vos y yo somos de carne y de ilusión.
No tuvimos miedo.
Y no tendremos nunca (jamás)
un corazón.